¿Otro año será, no?

Por Paco López.

En White Hart Lane toca esperar otra temporada, la Uefa Champions League sigue siendo la obsesión para el club y mantenerse en el Top 4 está más caro que nunca. La temporada echaba a andar y con ella el proyecto de André Villas-Boas. Jugadores de la talla de Dempsey, Dembélé, Vertonghen y Sigurdsson entre otros hacía más optimista un futuro sin Modrić. Las directrices eran claras, Top 4 y no caer demasiado pronto en ninguna de las otras competiciones. Con todo ya en marcha se vio que este era el año de Gareth Bale, condimentado con un turbulento arranque gunner, White Hart Lane respiraba un ambiente confiado: “Este año sí” se respiraba en la afición.

La primera mitad de año el Tottenham era el más firme candidato a la cuarta plaza, los partidos pasaban y las exhibiciones de Bale no cesaban, además Villas-Boas parecía tener todo bajo control. A medio gas en Europa y centrados en Premier la temporada iba por un exitoso sendero. Pero algo se truncó, tensar la cuerda del equipo en torno a una lógica dependencia del mejor Bale que jamás hayamos visto acabó por no ser suficiente.

Ni un Gareth Bale colosal pudo cambiar el destino del Tottenham. Un año más sin Champions League.

Ni un Gareth Bale colosal pudo cambiar el destino del Tottenham. Un año más sin Champions League.

El Arsenal despertó de su letargo, el Basilea dejó claro que con Bale no era suficiente y a André Villas-Boas se le apagaron los focos. El último tramo de temporada, incluyendo la eliminatoria de Uefa Europa League contra el sorprendente Basilea, nos dio una imagen de impotencia sobre el terreno de juego y nula capacidad para cambiar la dinámica del conjunto londinense desde el banquillo.

Personalmente este Tottenham ha sido la mayor decepción del último tramo de campaña, un equipo con numerosas alternativas que acabó aferrándose a un expreso galés que ha sido el único capaz de arrastrar al Tottenham hasta la lucha por la cuarta plaza a la espera de que algunos fichajes además de Dembélé asumieran su protagonismo.

Ni el mejor Gareth Bale, ni una larga lista de refuerzos interesantes, ni una de las temporadas menos brillantes del Arsenal de Wenger han sido suficiente para que André Villas-Boas consiguiera la cuarta plaza en su primer año completo en Londres.

La realidad es que entre los dos conjuntos de Manchester, el Chelsea que volverá a optar al título y el Arsenal con más capacidad para reforzarse en verano desde que Highbury forma parte del pasado, complican el panorama de un proyecto que tendrá mucho por invertir y mucho más por retener ante los cantos de sirena de equipos que sí son de Champions.