Roberto Martínez escribe el final

A los libros no hay que juzgarlos nunca por la tapa, hasta ahí todos estamos de acuerdo, personalmente quiero ir un paso más allá, un buen libro no tiene porque acabar felizmente. Más de una vez he pasado gratos momentos leyendo historias increíbles en las que el final no deja con un buen sabor de boca. Algo así le pasa a Roberto Martínez con el Wigan, una obra inacabada, aunque por poco tiempo. El escenario que pondrá el broche de oro es inmejorable, Wembley, el templo con el que todo aficionado al fútbol británico tiene una relación especial.

Los gritos de ¡Judas, Judas! Fueron la despedida más afectiva que le dedicó buena parte de la afición del Libery Stadium a Roberto Martínez cuando decidió dejar el ambicioso Swansea por un Wigan  que a duras penas soñaba con la permanencia en Premier League. Algo ha sido constante en la etapa del técnico catalán en el DW Stadium, sacar un rendimiento a sus plantillas muy superior a lo exigible. Con una forma de entender el fútbol fundamentada en la posesión y unas variantes ofensivas muy superiores a lo ofrecido en la zaga, el Wigan de ‘Bob’ es el gran culpable de que proyectos como Bolton, West Ham o Birmingham hayan tenido que empezar desde abajo pese a contar con mayores presupuestos y jugadores bastante más capaces.

El respaldo del dueño (izq.) fue el mayor colchón para 'Bob'

El respaldo del dueño (izq.) fue el mayor colchón para ‘Bob’

Temporada a temporada, la construcción de Roberto Martínez tenía que sufrir terremotos en las últimas jornadas que debilitaban la estructuran pero que permitían  mantenerse en pie. Esa capacidad de sufrimiento ha conseguido que las limitaciones de los latics pudieran dar un carácter competitivo y de brega constante frente a otros conjuntos menos acostumbrados al fango de la zona baja de la clasificación. A base de ir ladrillo a ladrillo, Roberto Martínez ha conseguido que el Wigan comience a tener mayor masa social y que su influencia mediática en las islas fuese a más a base de esfuerzo, sacrificio y heroicidades.

El transcurso de la obra ha sido muy bueno, pero este año llegaba con algo más de intriga. De alguna forma Roberto sabía que su historia no podía acabar así, el destino le debía deparar algún capítulo de gloria. Para ello la inversión fue más ambiciosa (favorecida por la venta de Moses) que nunca (Ramis y Koné) y el crecimiento de muchos de sus nombres más importantes (McManaman, Maloney, …)  hacían soñar con un año tranquilo que diera poso a un proyecto estable en la Premier League. Las lesiones y el bajo nivel en los primeros compases de la temporada dilapidaron el sueño de la tranquilidad pero una ocasión mucho más excepcional surgió en el horizonte.

Un bloque, con sus carencias, pero un bloque

Un bloque, con sus carencias, pero un bloque

Wembley. Paola me dio una definición sobresaliente sobre lo que representa la final de FA Cup para el Wigan, “la apoteosis del club”. Es una historia distinta, los problemas del día a día quedan en nada cuando puedes hacerte grande por unas horas, por ello no hay que menospreciar a un Roberto Martínez que gestiona los estados de ánimo de sus plantillas como nadie, haciendo que el cartel de técnico más prometedor de la Premier League sea justo. El Wigan tiene en el banquillo a su alma mater pero sobre el campo existen argumentos para creer, especialmente arriba. La terna ofensiva formada por el creativo Maloney, el laborioso McManaman y el pluriempleado Koné se empeña en dar la razón a Roberto Martínez, el máximo valedor de ellos. Una fluidez en la medular impropia de la zona que ocupa y un ataque atractivo y con capacidad de adaptarse a varios registros hace creer en sí mismo por encima de una defensa que en demasiadas ocasiones se convierte en el principal valedor de sus enemigos. Una competitividad impropia de un equipo con limitaciones tan serias donde el papel de Roberto Martínez cobra mucho protagonismo.

La esencia del fútbol inglés se resume en Wembley

La esencia del fútbol inglés se resume en Wembley

El viaje, a través de numerosos capítulos plagados de llantos y explosiones de alegría, ha sido estimulante, entretenido e inolvidable. El final será probablemente amargo en este 2013 pero el libro que ha escrito Roberto Martínez ya forma parte de la historia reciente del fútbol inglés, en el que cada vez la rapidez para abrir la billetera está por delante de la capacidad analítica y que ha servido a Roberto Martínez para despuntar gracias a quebrar ese paradigma.

Pase lo que pase en Wembley y prácticamente lo mismo en Premier, Roberto Martínez ha escrito una historia de superación y de autoconvicción de un bloque que ha acabado desarrollando un fútbol por encima de su potencial. Previsiblemente esperan días de decepción en el club presidido por Dave Whelan pero lo previsible nunca se llevó bien con el Wigan.

Paco López

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